Entrevista a Luis Gilberto Murillo

“Si las características socioeconómicas fueran distintas y los lugares donde están estas personas fuera distinto, el Estado y la sociedad ya hubiese respondido con un sentido de urgencia”

Luis Gilberto Murillo

En esta conversación con Luis Gilberto Murillo analizamos los recientes hechos de violencia contra la población negra en Estados Unidos que han desembocado en indignación social y su impacto en las elecciones presidenciales en este país. También hablamos sobre el racismo estructural, sobre las luchas de los líderes sociales en Colombia y los retos a los que nos enfrentamos en temas de medio ambiente en medio de una pandemia mundial. Luis Gilberto Murillo es el primer colombiano en integrar el equipo de la Iniciativa de Soluciones Ambientales y el programa Martin Luther King del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), es ex Ministro de Ambiente y exgobernador del Chocó.

Por Natalia Ochoa

La entrevista ha sido editada por motivos de claridad.

Natalia Ochoa: Doctor Murillo, ¿usted cree que la crisis de la salud, la crisis económica y social que ha generado el COVID en Estados Unidos, el país más impactado en este momento por el virus, tenga las dimensiones que vemos hoy por las manifestaciones en contra del abuso policial, especialmente después del asesinato de George Floyd?

Luis Gilberto Murillo: Sí, yo creo que sí: ese horrendo asesinato obviamente fue el punto de inflexión y causó que mucha gente se manifestara, y vale la pena resaltar que venía desde hace muchos años. Y ahí es bueno mirar dos factores que yo creo hicieron la diferencia.

En un contexto general, obviamente la crisis por la pandemia ha desnudado – destapado – muchos problemas que tiene la sociedad en general y en distintos países, pero uno de estos tiene que ver obviamente con el racismo estructural, sobre todo en los Estados Unidos, que se ha venido negando. Yo voy a mencionar dos factores que me parece hicieron la diferencia en este momento: 1) la juventud de los EEUU ahora es más abierta a los asuntos de diversidad étnica y racial, y obviamente, como en todo el mundo, es más consciente de lo ambiental, así que hay más disposición de incluir una sociedad que tenga más diversidad.

En segundo lugar, la gente estaba en casa. Casi todo el mundo vio ese video, tuvieron el tiempo de analizarlo, de discutirlo en su casa, porque todos estaban obviamente en cuarentena y al estar en casa lo pudieron procesar y percibir, pero también las familias en EEUU estaban en una situación de fragilidad, vulnerabilidad por la muerte, y eso generó más empatía. Entonces ese caso no se pudo ocultar.

Y un tercer lugar es que los jóvenes y las jóvenes estaban con sus familias, entonces las interpretaciones en los distintos hogares fueron también distintas y los jóvenes pudieron también plantear sus perspectivas en contra a las personas más adultas y resulta que estas discusiones llevaron a una mayor conciencia de que la gente rechazara este evento tan trágico.

Mire usted, Natalia, que por primera vez, ni siquiera en la lucha por los derechos civiles liderada por los estudiantes y Martin Luther King, se unieron para rechazar el racismo estructural, la discriminación racial; particularmente la que se estaba rechazando en ese momento por la cultura policial en EEUU.

«(…) por primera vez en EEUU esto deja de ser un asunto sólo de la población afroamericana y unos cuantos y aliados y aliadas, sino que pasa a ser un asunto de la sociedad y se reconoce».

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Entonces mire usted que por primera vez en EEUU esto deja de ser un asunto sólo de la población afroamericana y unos cuantos y aliados y aliadas, sino que pasa a ser un asunto de la sociedad y se reconoce. Por primera vez las encuestas plantean que la mayoría reconoce que hay un problema serio y grave de racismo estructural, pero va más allá: se convierte en un rechazo global. La gente por el mismo rechazo a esto sale de sus casas sin importarles el riesgo de su vida y dice: si una persona que fue asesinada por policías pasó por esta situación nosotros podemos arriesgarnos también y salir a la calle.

Yo le cuento algo muy personal. Nosotros tenemos un hijo de 19 años que está en la Universidad, él estudia en George Washington y me dijo: «Tenemos que salir a marchar». Le dije: «No, yo ya estoy en la población de alto riesgo». Y me dijo: «No, vamos: tenemos que arriesgarnos, no podemos tolerar esto. Este es un momento histórico en el que todos tenemos que estar allí». Y nos la pasamos saliendo. Y yo lo acompañé a las marchas repetidas veces porque fue un momento de una energía social y sobre todo de la juventud: la juventud le impregnaba a uno esa energía de poder cambiar esta sociedad.

Entonces yo creo que eso hizo la diferencia. Yo le decía a alguien que esa fue una de los primeros impactos de la pandemia y que va a tener repercusiones muy serias en el período post pandemia.

N.O.: ¿Qué tiene que pasar para que esto cambie? Hemos pasado por la rebelión de Bacon en 1676, pasamos por la promulgación de la emancipación en 1863 y otras tantas batallas a lo largo del último siglo hasta el derecho al voto y los derechos civiles en el 64 y 65. ¿Qué se espera conseguir con estas protestas que se está viviendo hoy en día?

L.G.M.: Bueno, yo creo que EEUU tiene ganada una experiencia muy grande de lucha por los derechos civiles. Obviamente, liderada por la población afroamericana, pero hoy es muy influyente la población latina y otras minorías étnicas, y también, sobre todo, de las mujeres, es decir, el derecho de las mujeres, de la población LGBTI, ha avanzado mucho, tienen un movimiento muy fuerte. ¿Qué se espera de esto? Lo que se está diciendo es que se ha avanzado, pero todavía no se ha humanizado a la población afrodescendiente. Hay un problema serio que tiene orígenes históricos y obviamente eso tiene que cambiar y la gente lo está viendo con cifras.

Cuando la alcaldesa de Chicago planteaba, increíblemente, el impacto desproporcionado de la población afroamericana frente al COVID-19… Imagínese usted que en Chicago el 30% de la población de la ciudad es afroamericana, pero representa el 68% en las muertes por COVID. Y esa misma situación usted la ve en Michigan, en New Orleans, en Washington, en New York. Entonces esto ha despertado el hecho de que hay que humanizar a la población afrodescendiente.

«Hay una historia de racismo que no se ha superado. Yo creo que no se ha superado porque actualmente no se ha trabajado, es decir, no ha habido un proceso de sanación, ni de reconciliación, y eso debe empezar por humanizar la figura de la persona negra afrodescendiente».

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Mire, el país se des segregó y las escuelas se des segregaron en el 54 y hoy estamos en niveles de segregación parecidos. Se tenía esa teoría de que separados pero iguales, eso no funcionó se declaró inconstitucional. Y hoy precisamente se está viviendo, después de tener un presidente afroamericano, después de tener medio gobierno afroamericano, se está en una situación muy parecida. Entonces algo está pasando y hay que humanizar a la población afrodescendiente. Tienen que cambiar muchas cosas, de forma global. Por una parte, EEUU tiene que aceptar que existe la desigualdad racial y eso está originado en el racismo estructural, sobre todo el país más poderoso, eso es algo que no se ha aceptado.

Hay una historia de racismo que no se ha superado. Yo creo que no se ha superado porque actualmente no se ha trabajado, es decir, no ha habido un proceso de sanación, ni de reconciliación, y eso debe empezar por humanizar la figura de la persona negra afrodescendiente. Hay muchos estereotipos y estigmatización, prejuicios, muchos símbolos que consolidan una imagen del criminal, entonces hay que combatirlo; o la imagen del pobrecito, incapaz, entonces hay que tener políticas asistencialistas, y no es nada de eso. Simplemente es tener igualdad en la esfera de raza y etnicidad y superar esos errores que vienen obviamente de la época de la esclavización.

Mire usted que las dos precandidatas a la presidencia por el partido demócrata, las senadoras Elisabeth Warren y Kamala Harris, hablaron de que hay que ahondar en el tema de las reparaciones. Es decir, que el desmonte de un sistema de discriminación estructural, institucional, pasa por reconocer que hubo errores del pasado que tienen manifestaciones contemporáneas y eso pasa por la reparación. En MIT precisamente estamos trabajando revisando eso. Cuales son los aspectos del currículum de MIT, de la manera en que operan en MIT, que reflejan ese racismo estructural, y ahí hemos llegado inicialmente a plantear el hecho de que hay que mirar las secuelas del colonialismo y planteamientos neocolonialistas que hoy se aplican en la universidad en la parte del currículum, etc., y yo creo que esa es una discusión que hay que tener no solamente en EEUU, sino en todo el mundo.

» (…) el desmonte de un sistema de discriminación estructural, institucional, pasa por reconocer que hubo errores del pasado que tienen manifestaciones contemporáneas y eso pasa por la reparación».

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N.O.: ¿Qué tendrá que pasar para hacer una decolonización de nuestro pensamiento sin que haya un punto de quiebre formal? ¿Tiene que pasar algo más grave de que lo que pasó con George Floyd y las manifestaciones, o esto se irá dando paulatinamente?

L.G.M.: Esperemos que no. El mundo ha llegado a un punto en donde tiene que revisar antiguos paradigmas y realmente nuevos paradigmas. La crisis por racismo estructural y discriminación racial es una y se manifiesta muy duramente en el caso de los EEUU por la violencia policial, es decir, aquí un afroamericano tiene 2.5 más de probabilidades que las poblaciones blancas de ser asesinados a tiros por agentes de la policía, o usted ve que en Carolina del Sur proyectan la población de presos que se va a tener hacía futuro con base en el número de estudiantes de tercer grado de las escuelas negras. Imagínese usted.

Ahora, eso también tiene manifestaciones en nuestros países, es decir, en nuestros países tenemos muchos George Floyd: Anderson Arboleda o el caso que paso con María del Pilar Hurtado en Tierra Alta en Córdoba, las amenazas, masacres, etc. Pero el país no reacciona.

Ahí hay un tema importante y un área en el que trabajar, pero hay otras crisis. Usted le suma a esto la crisis climática… además: los que están luchando por el cambio de paradigmas en los distintos escenarios de las distintas crisis no se comunican, por los mismos estereotipos no hacen alianzas. En el caso de EEUU, y obviamente a nivel global, tenemos la crisis por cambio climático, en la que está en juego nuestra supervivencia. Está la crisis de la pérdida de la biodiversidad, que está conectada con esto. Está la crisis de desigualdad, que es una crisis inmensa que el mundo tiene que abordar, y hay otras.

Y resulta que en el caso de los países industrializados, de los EEUU, usted ve que hay un movimiento por la justicia ambiental que es predominante de minorías étnicas: afroamericanos, latinoamericanos, etc. Y hay un movimiento conservacionista y de lucha contra el calentamiento global y el cambio climático que es totalmente blanco, pero no se hablan. Hay una brecha inmensa.

Igual lo vemos en Colombia. En Colombia hay un movimiento más intelectual, más urbano-céntrico, que se preocupa mucho por los temas ambientales, pero poco se conecta con el movimiento de justicia ambiental que viene de comunidades negras, indígenas, las parameras, paramunas, las de las ciénagas, rivereñas, etc. Entonces obviamente vemos que todas estas crisis tienen que llegar a un planteamiento de una nueva sociedad y ese planteamiento parte de cosas pequeñas. Por ejemplo, hay que desmontar la cultura de violencia policial en los EE.UU, hay que desmontar políticas y parte de políticas públicas y las políticas tan erradas, como la mal llamada lucha contra las drogas, que afecta ecosistemas y poblaciones campesinas, indígenas, negras en países como Colombia, pero a poblaciones obviamente minorías étnicas, latinos, afroamericanos en los EE.UU. Hay que desmontar este tipo de políticas, pero eso se basa en una revisión de valores.

Tenemos una inversión de valores y estos nuevos valores parten de nuevos paradigmas y parten de una visión de sociedad global y es allí dónde este debate tiene que ponernos a hablar entre extraños y yo creo que eso es un camino muy importante. Yo soy optimista porque veo mucha energía y mucho deseo de cambio y veo mucho trabajo de la juventud. La juventud realmente ha tomado el liderazgo y es la juventud realmente la llamada a obligarnos a cambiar estos paradigmas y a aplicarlos a realmente tomar medidas prácticas.

N.O.: Lo que pasó en EE. UU. en los últimos meses, ¿tuvo o tendrá una repercusión en el mundo y en Colombia específicamente? ¿Nos ha llegado algo de esas manifestaciones, de esa indignación social?

L.G.M: Estoy convencido de que esto es un movimiento global. Antes se decía: no, este es un tema allá de EEUU y después, no, ese es un tema en Sudáfrica, y ya es un tema global y por primera vez hay manifestaciones en Canadá, en Reino Unido, en Francia, en España, en todo Europa, en Austria, en Nueva Zelanda. Me quedé inclusive sorprendido por eso, pero más me sorprendió que la pequeña población africana en la República Popular China también se manifestó y se quejaron de las condiciones de discriminación racial en la China. Entonces realmente se convirtió en un movimiento global con una diferencia: que en esas poblaciones la gran mayoría sí cree que el racismo estructural en sus países no es tanto como aparentemente sí lo es.

Ahora, América Latina va a tener repercusiones, pero después me sorprendió que el debate de las manifestaciones fue muy tímido. Y mire usted que América Latina tiene cerca de 130-150 millones de habitantes que se autoidentifican como afrodescendientes. Brasil, obviamente con la mitad de la población, pero Colombia tiene una población significativa. Sin embargo, si usted lo pone así, uno de cada 3 o 4 latinoamericanos se identifica como afrodescendiente, pero el debate fue tan tímido que no hubo un gran pronunciamiento, no hubo un gran debate salvo una que otra columna del caso colombiano, una que otra columna que hablaba del tema.

A mí sí me llamó mucho la atención porque ya en Latinoamérica hay un movimiento afrodescendiente importante. En Brasil, en Colombia, en Centro América… en Honduras se mueve mucho. La vicepresidenta de Costa Rica es una mujer afrodescendiente y de esto se ha escrito mucho. Hay una profesora en Berkeley, Tianna Paschel, que ha escrito bastante sobre esta situación, de que aunque hay un movimiento naciente e importante, se ignora mucho en Latinoamérica porque se ve el asunto de racismo estructural como un tema muy de allá de los EEUU, y mire que en Colombia es grave. Como le decía: en Colombia tenemos varios George Floyd y tenemos varias Breonna Taylor.

N.O.: ¿Y qué nos pasa? ¿Por qué no tenemos esa sacudida?

L.G.M: Mire usted lo que pasó con los dos niños que iban a la escuela en el Cauca y que fueron asesinados por grupos al margen de la ley cuando iban a dejar sus tareas. Esto es inadmisible. En cualquier país eso es una barbarie. Es decir, los asesinatos que están denunciando en una región del Chocó, como el Baudó… la situación en el pacífico es gravísima. Los asesinatos de líderes sociales, el informe del Global Witness sobre los asesinatos de líderes ambientales: esto nos tendría que movilizar a todos. Si EEUU se movilizó en medio de la pandemia, se movilizó por estos eventos tan terribles, como el de George Floyd. En Colombia, en medio de la pandemia, teníamos que habernos movilizado por todo lo que está sucediendo y no lo vemos, ¿por qué?

«(…) los tomadores de decisiones no se parecen a la Colombia real, entonces no tenemos diferentes perspectivas y eso nos está generando muchos problemas para salir adelante».

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En primer lugar, porque Colombia hoy está muy segregado y la gente cree que no, sobre todo regionalmente. Por eso yo hablo mucho de las otras Colombias, porque son muy distintas, y por otro lado, si bien está en la constitución, la diversidad cultural, étnica, regional, la provincial, el pluralismo no son valores principales de nuestra sociedad. Se habla del tema, pero no es importante y eso lleva a que la gente no se mueva y no vean que es importante.

Orlando Fals Borda escribió mucho sobre esto. Colombia es un país de cultura, un país de regiones, es un país de provincia, pero los tomadores de decisiones no se parecen a la Colombia real, entonces no tenemos diferentes perspectivas y eso nos está generando muchos problemas para salir adelante. Si no aceptamos eso, si no incorporamos valores fundamentales de diversidad y pluralismo, por más política que diseñemos y tratemos de implementar, va a ser muy difícil que avancemos.

N.O.: En Colombia los líderes sociales son representantes de todas esas comunidades que buscan reivindicación de sus derechos y que les han sido negados históricamente, ¿usted cree que el propósito de los asesinatos de los líderes sociales en Colombia es evitar que esos derechos sean reivindicados y le sean efectivos?

J.G.M.: Son asesinatos que tienen una causa muy concreta, como lo han demostrado muchos estudios. En primer lugar, obviamente está asociado al derecho que tienen estas comunidades a su propio desarrollo y no se acepta eso. Y hay distintas visiones de desarrollo en el país. Y las comunidades reflejan eso. Tampoco se respeta el derecho que tienen estas comunidades al acceso a recursos naturales y al uso de estos recursos naturales de acuerdo con su cosmovisión, como lo vemos en el caso del acceso a la tierra. Muchos de estos asesinatos tienen que ver con apropiación ilegal de tierras y muchos tienen que ver, inclusive, con intolerancia frente a ciertas convicciones políticas, lo cual necesariamente está ligado a lo que yo digo del valor que se le da al pluralismo.

Mire, están asesinando líderes indígenas, están llegando a líderes afrodescendientes, líderes campesinos y campesinas de estas zonas y, además de eso, a excombatientes de las FARC que negociaron el acuerdo de paz y que quieren realmente seguir construyendo paz en el país. También hay intersección con la defensa de los recursos naturales y del ambiente. Entonces de allí la cifra tan alta de líderes ambientales asesinados. Súmele a eso muchos de los funcionarios del sector ambiental que siguen siendo amenazados y muchos han sido asesinados, y funcionarios de organizaciones no gubernamentales que también se dedican a la protección ambiental. Entonces la situación es bastante sistemática y si usted no lo analiza desde esa perspectiva y no responde con mecanismos para romper esa sistematicidad, va a seguir en un ambiente de impunidad que va a llevar a que estos asesinatos continúen y eso hay que evitarlo.

Y me parece que un camino para evitarlo es revisar las herramientas que da el acuerdo de paz del Teatro Colón. Más allá de las ideologías y de la preferencia políticas y de que si fue este gobierno o el otro, eso hay que trascenderlo. Ahí hay unas herramientas que se pueden implementar de protección colectiva en las comunidades de interpretación de su cosmovisión que pudiesen ayudar mucho en este momento.

«(…) si las características socioeconómicas fueran distintas y los lugares donde están estas personas fuera distintos, el Estado y la sociedad ya hubiesen respondido con un sentido de urgencia y de prioridad».

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N.O.: ¿Por qué vemos estos asesinatos de líderes sociales desde hace ya varios años con unas cifras increíbles y todavía no hay una respuesta eficaz desde el Estado para evitarlo? A pesar de que hay algunos periodistas y opinadores que ponen este tema en discusión, el debate no se consolida y a la gente sigue sin importarle.

L.G.M.: Insisto en que el país no conoce la otra Colombia, entonces no la siente, no les genera tanta empatía. Obviamente al no conocerlo no hay un valor intrínseco de la diversidad étnica, cultural – del pluralismo. Eso también afecta y ahí vienen los modelos coloniales que se han convertido en modelos neocoloniales donde obviamente de fondo hay un racismo estructural y un regionalismo estructural donde usted tiene poblaciones campesinas, indígenas, afrodescendientes donde hoy hay un gran abandono que viene de ese modelo que hay que romper.

Eso lleva también a que los habitantes de esa otra Colombia, que no solamente están en zonas rurales, sino también zonas urbanas, hay que humanizarlos porque se les da menos valor, porque sus vidas pareciera que valen menos, porque se tratan como una ciudadanía de segunda o de tercera categoría. Esa es la realidad. Eso parece duro, pero es la realidad, porque créame usted: si las características socioeconómicas fueran distintas y los lugares donde están estas personas fuera distintos, el Estado y la sociedad ya hubiesen respondido con un sentido de urgencia y de prioridad.

Ahora, ¿cómo suplir el poder estatal en las regiones? Yo no creo que haya que suplirlo porque es muy difícil. Es decir, esto hay que hacerlo con el Estado. La sociedad se organizó en un Estado para que responda precisamente a estos retos y yo creo que el Estado tiene que llegar a esas zonas. Ese ha sido el problema histórico de Colombia. Tiene que llegar a esas zonas, pero con respeto. El Estado puede complementar los sistemas solidarios que hay en la otra Colombia. La gente ha sobrevivido allá con sistemas solidarios.

«No hay otra salida que llegar con el Estado allá y eso vale, eso cuesta. Pero si usted, en lugar de asignar los recursos a construir esas regiones, dice que no, que le da la plata a los bancos, a las empresas, para que ellos lleguen hasta allá, lo que llaman el Trickle-down Economics, pues eso no sucede porque inclusive hay muchos sectores del empresariado del Estado que son los que se han opuesto a que se llegue a esas zonas más allá de un de un esquema de economía de enclave».

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Las diócesis católicas, por ejemplo, en el Pacífico, saben mucho de eso y lo conocen. Tienen que llegar a complementar lo que existe hoy y el gobierno propio de las comunidades en esa otra Colombia. Eso viene desde que los negros y negras escaparon de la esclavitud y constituyeron los palenques y construyendo un gobierno propio. Eso no nació ayer y eso la sociedad tiene que reconocerlo y entrar a complementarlo como Estado.

Hay ONGs que trabajan mucho los temas, pero eso no es suficiente, hay que escalar y se necesita el Estado. Y ahí es donde yo creo que obviamente los tomadores de decisiones públicas y los líderes en Colombia tienen que darle más apertura a las regiones e incorporar más gente de la región, mayor representación. Insisto en que debe haber mayor pluralismo en eso, porque las miradas son muy del centro, son una mirada muy desde el desconocimiento real de esas regiones.

Otra cosa es que a veces se ignora en Colombia es que en las capitales de departamento, grandes y pequeñas, ese modelo nacional lo replican. Entonces en el Chocó casi todo se concentra en Quibdó y hay muy poca atención a las otras provincias. Y vuelvo e insisto, como decía Fals Borda: este es un país de regiones, de provincia, de culturas que se deben tener en cuenta.

No hay otra salida que llegar con el Estado allá y eso vale, eso cuesta. Pero si usted, en lugar de asignar los recursos a construir esas regiones, dice que no, que le da la plata a los bancos, a las empresas, para que ellos lleguen hasta allá, lo que llaman el Trickle-down Economics, pues eso no sucede porque inclusive hay muchos sectores del empresariado del Estado que son los que se han opuesto a que se llegue a esas zonas más allá de un de un esquema de economía de enclave.

N:O.: ¿Cuál puede ser su versión sobre este tema del coronavirus?

L.G.M.: Bueno, yo sí creo que esto está relacionado con distintas crisis. Uno, la crisis de desigualdad por el modelo de relaciones sociales y económicas que se ha impuesto. La desigualdad es inmensa y eso lleva a patrones de consumo y de poblamiento que están afectando sustancialmente nuestra supervivencia y ahí vienen las emisiones que generan calentamiento global que llamamos la crisis climática y ese modelo de pérdida de voz y de biodiversidad. Y hay un tema de crisis migratoria, que impacta mucho a Colombia, y ahora sí: de crisis sanitaria por la pandemia.

Obviamente que esto tiene que ver con lo ambiental más directamente. Todavía hay discusión si esto tiene que ver con cambio climático, etc. Yo diría que sí, pero esperemos que nos confirmen más los científicos y esto es parte de lo que estamos discutiendo en MIT, pero hay datos que sugieren que hay una relación estrecha con la alteración de los ecosistemas y pérdida de la biodiversidad. Porque los ecosistemas obviamente actúan como protectores y si nosotros realmente destruimos esos protectores, estamos expuestos.

Mire, yo leí un dato en una de estas organizaciones, y lo miramos en MIT, que en los últimos 50 años se ha perdido o disminuido las especies de vida silvestre en un 60%. ¡Imagínese! Pero en ese mismo periodo las enfermedades infectocontagiosas han aumentado 4 veces y de esas enfermedades, 3 de cada 4 son de origen zoonótico, o sea que saltan de animales a humanos. ¡3 de 4! Imagínese a dónde vamos…

N.O.: O sea, ¿esta no es la primera pandemia que vamos a vivir de estas características?

L.G.M.: No. Mire que Bill Gates lo decía en una de sus intervenciones ,que hay en el ambiente millones de virus que pueden mutar, que sólo uno de ellos, como en esta familia de los coronavirus, mutó y mire lo que ha generado. Y puede ser mucho más peligrosos hacia futuro. Si seguimos con estos patrones, vamos a estar expuestos y hay que prepararse.

Colombia tiene que apostar a tener un modelo económico basado en su biodiversidad y ahí yo creo que el debate: todavía muchos de nuestros líderes están pensando en un modelo basado en el extractivismo que yo creo que no tiene sentido

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Ahora, una de las preparaciones es natural y lo natural es que no podemos romper el balance con los ecosistemas, entonces tenemos que proteger. Hay que continuar globalmente, y en Colombia, con la agenda de creación de áreas protegidas y hay que administrarlas bien y hay que garantizar los recursos. Hay que restaurar. Colombia tiene la tarea de restaurar entre 4 y 6 millones de hectáreas. Hay que hacerlo: esa es nuestra protección y hay que generar los flujos financieros porque la recuperación económica del país y la generación de empleo, créame que están ahí.

Aunque Colombia sea el país más diverso del mundo por número de especies por hectárea, obviamente Colombia tiene que apostar a tener un modelo económico basado en su biodiversidad y ahí yo creo que el debate: todavía muchos de nuestros líderes están pensando en un modelo basado en el extractivismo que yo creo que no tiene sentido. Yo soy un convencido de que la respuesta a la crisis de salud tiene que estar asociada a las respuestas en estos otros frentes, particularmente en las soluciones climáticas basadas en la naturaleza y, particularmente, en una lucha fuerte contra la desigualdad, y la desigualdad está muy concentrada en esa otra Colombia de la que yo le hablaba, que, además, es la otra Colombia que está ubicada donde tenemos los ecosistemas ambientales naturales más estratégicos.

Luis Gilberto Murillo.
Recuperado de: https://www.eltiempo.com/politica/gobierno/luis-gilberto-murillo-primer-colombiano-en-el-programa-martin-luther-king-del-mit-517804

N.O.: ¿Cree que el planeta, como sistema, saldrá fortalecido o va a terminar ahogándose entre tapabocas, guantes y desechos clínicos?

L.G.M.: Bueno, esa es la pregunta del millón. Yo soy optimista pero también cauteloso: creo que no tenemos alternativa. Me parece que ya o salimos fortalecidos o la humanidad desaparece, yo no veo otra alternativa, y ojalá y se tome conciencia de eso. El optimismo me lo da mucho lo que yo veo en la juventud. Creo que allí hay una manera distinta de abordar la relación del hombre con la naturaleza, de la mujer con la naturaleza y entre nosotros y nosotras mismas. Es tan básico, tan obvio… pero a veces no se refleja en la toma de decisiones y eso implica que hay que cambiar mucho los sistemas institucionales que nos rigen.

Yo creo que la institucionalidad global, y también en gran parte de la institucionalidad nacional, se creó para el siglo XX y no para el XXI. Quisiera decirles a los jóvenes que primero no pierdan el optimismo ni la esperanza, pero hay que actuar, no quisiera que ellos tuviesen un sentimiento de frustración como lo tenemos nosotros hoy, en el sentido de que yo soy de los que creo que no hicimos lo suficiente. Se hicieron cosas positivas, obviamente, otras no… y no se está haciendo lo suficiente. No basta simplemente decir que estamos haciendo lo que podemos. Tenemos que hacer lo que sea necesario para salvar al planeta y con ello salvar a la humanidad, y eso pasa por un gran sentimiento de solidaridad y por tomar acciones concretas.

Ese sería mi mensaje a la juventud y que ellos nos muevan a todos nosotros, porque este es su país y no vayan a dejar que les entreguen un país como el que estamos viendo hoy en medio de actos como el asesinato de líderes y de niños que es verdaderamente un actos de barbarie.

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